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produccio poetica oriol espinal

Producció(n) Po(è)(é)tica

Oriol Espinal

Crónicas del fracaso/versión castellana


1

Un sueño

 

Como todo invitaba a pensar

que la vida viva de aquel estío era real, 

tú salías de casa y subías a la higuera,

y en cuanto alcanzabas las ramas de la copa,

ahuyentabas a los pájaros y a las avispas

y te comías los higos profanados.

Luego asomabas la cabeza entre los pámpanos

y mirabas la línea curva del horizonte,

y el velero que araba la mar,

y la gaviota que se salía del molde del aire,

y los frágiles muros de los pinares, 

y el agave muerto y en flor,

y las nubes teñidas de rosa, de lila y de carmín.

Finalmente, bajabas del árbol

y convocabas a tus hijos de barro,

y en cuanto los tenías enfrente,

te acercabas al más torpe

y examinabas su cuerpo.

Avergonzado de tu obra

y dando inicio a un nuevo fracaso,

le repintabas el rostro

y le rehacías las manos.

2

Aguas

 

Siempre te había gustado ir a la playa

a recolectar cantos rodados,

y decorarlos allí mismo

con palabrotas y garabatos,

y luego arrojarlos al horizonte

y observar cómo al caer hacían añicos su propio reflejo.

 

Y mientras anochecía, también te gustaba

tumbarte en la arena y abrir la puerta

a un nuevo artefacto poético,

y si en sus rosas no había sangre,

echarlo a un veredero de la memoria

y mirar cómo tus versos

se disolvían lentamente

 

tal pepitas de oro

sumergidas en agua regia.

3

Inviernos

 

Durante aquellos años necesarios,

los frutos de tu esfuerzo a menudo se echaban a perder

dejando un resabio amargo en tu memoria.

Ciertamente, no era muy grato

bregar entre quienes poseían esa intuición

que pegaba fuego a las sombras,

esa instinto que habría caldeado tu celda

si con la entereza de una almenara en plena guerra

hubieses bebido el agua de las palabras no dichas, 

pero también si hubieras seguido

los consejos del guardián de aquel templo

dedicado a un dios no nato,

los consejos de aquel anciano que te había hablado

de los desiertos donde sobraba espacio

para los nuevos laberintos,

donde los metales, mármoles y pigmentos,

indefensos ante un empuje valeroso,

indolentes aceptaban el espolio, el sacrificio.

4

Nocturno

 

El espacio que en las noches de julio

acotaban los árboles

redimía el tiempo estéril

donde las ubres del sueño no tenían cabida.

 

Tu deseabas dar caza a un búho nival,

arrancarle las alas,

emplumarte las manos y el rostro,

pues para saquear el bosque de las palabras

precisabas las herramientas 

de aquellos que vieron el corazón

de la noche y las tripas de la sombra.

 

Todos los poetas saben que las noches, 

y los sueños,

son ricas en signos ignotos,

en manjares que abren la pupila

de los ojos del búho nival.

 

Mas no siempre que soñabas

te resultaba posible ir de caza. 

Había noches en que un alud de troncos y ceniza

sepultaba al búho nival,

y a las serpientes y las sanguijuelas,

y a los cuervos y las oropéndolas.

 

Y a ti se te antojaba que todo aquello era la muerte.

 

Por la mañana, como de costumbre,

tu cuaderno solo recibía

la crónica de un nuevo fracaso:

 

un premio de consolación.

5

Silencios

 

So atmen die Brände der Zeit
Paul Celan

 

En todo reencuentro refulge algún fracaso.

El nuestro iluminó el bosque

que las hogueras del tiempo habían devastado,

el bosque donde tus ojos enmascaraban

la claridad de los signos

y mis latidos alimentaban

el miedo a una verdad desvelada.

Latidos y ojos que hoy son piedras sepultadas

bajo el limo de los años vacíos.

Si las extraigo y las lavo y las acaricio,

me dicen que soy el actor de un interludio

donde la ausencia se sublima en transparente presencia,

me dicen que a ti te dicen

que el silencio no es agua para regar

las semillas que en tu pecho yo planté,

me dicen que no te agrada escuchar esa voz soñada

cuando te incita a convertir mis ojos viejos

en ocasos de miel seca y ámbar rajado,

me dicen que si el bosque reverdece

y el círculo se cierra,

seré yo quien entonces te muestre

los porvenires improbables,

y quien labre tu mente con imágenes

del dios que habita en mí,

y quien se niegue a perturbar el silencio elocuente

que todavía nos amordaza

si la vergüenza nos clava su aguijón.

Luego las piedras callan y el cieno se las traga. 

 

Y al caer la noche, como penitencia

por no haber regado el árbol dormido,

nuevamente y por separado

deberemos sufrir los sueños recurrentes:

despiadada y voraz alimaña que se agiganta

con las cenizas del tiempo.

6

Fragmentos de una crónica

 

...y al chocar con los escollos

saltaste al agua negra y fría,

y pese a que el mar era bravo

y los islotes te cerraban el paso,

nadaste con la certeza de que tu cuerpo

no engordaría la lista

de los que habían muerto

recubiertos de una patulea

de gaviotas, cangrejos y moscas.

 

 

…y al arribar a la playa,

hundiste el rostro en la arena mojada,

y al levantar la cabeza y al tiempo que maldecías

tu audacia, contemplaste el molde de tu cara

y lo pisoteaste con violencia...

 

 

...y al atardecer amontonaste los despojos

de tu falucho y les prendiste fuego.

Ahora mismo no sabrías decir

si lo hiciste para agradecer que un dios

hubiera nacido en una isla desconocida

o simplemente para emular al eremita incendiario

que habías conocido en un desierto.

Fuera lo que fuese, lo que no has podido olvidar

es que después de prender fuego a la pira,

las llamaradas, que no eran una súbita

aparición del dios de Moisés,

te dedicaron unas palabras

que tú ya habías tenido ocasión

de escuchar en un sueño.

Las volveré a decir:

 

Entra en las ruinas del templo

y busca el boquete del altar.

Es preciso que sepas que sólo si alcanzas

a percibir el canto del vértigo,

podrás surcar el espejismo del cuerpo

y sufrir la miseria del soy.

Y si pese a ello te sientes afortunado,

no por haber hallado una pluma de albatros

sino por no compartir la misma naturaleza

de las columnas que a tu alrededor se esparcen

–columnas de basalto, de basalto anterior

a cualquier concepción del tiempo,

a cualquier ojo que mire con la mente,

a cualquier raíz que haya podido

rajar su estructura molecular–,

no olvides que sólo su frágil fortaleza acariciará,

tras extinguirse la luz de tu instante,

la ineluctable ceniza de la humillación.

 

 

 ...y todavía hoy, cuando miras al sur,

a menudo lo ves navegar

por las lagunas de la memoria,

especialmente los días en que los sentidos

te dan fe de la existencia

de aquel lugar donde el poema

late antes de ser ahogado

por los límites del lenguaje,

de la existencia de ese centro

que con claridad se perfila

ante nuestra inadvertencia,

pero que se desdibuja y desvanece

si no tributamos honores

a los eriales que lo sitian de noche...

 

 

...sí, a menudo lo ves navegar

si el mundo que tu mente interpreta

vuelve a decirte que la medida de la luz

se halla en la desmesura de la noche,

y que no hay más patria digna de tu amor

que el desierto y su nieve dorada,

y que cada nuevo día

aumenta el número de yugos dispuestos

a sirgar al que acecha con desconfianza

a quienes erigen templos sin licencia,

y que aunque haya quien pretenda abolir el azar

con toda clase de dados deterministas,

nada ni nadie propiciaron

que al poco de haber resuelto

que esta crónica moriría con un simple «y...»,

leyeras por vez primera

el «And...» que pone fin al Canto II de Pound,

y...

7

Naufragios

 

Si el temor a no divisar tierra firme

te hacía creer que el vestido

de mi ausencia era un lienzo de sombras

tejido por estrellas y huracanes,

yo te quitaba las algas del rostro

y al oído te decía el nombre

que jamás he tenido,

el nombre que como un aullido 

pegaba fuego a los naufragios de tu mente

y te incitaba a profanar la alcoba

donde memoria y sueños se confunden,

y también a dar forma a mi cuerpo:

bulto proteico que tú revestías

con labios y vulvas que habían dado goce

a la lengua y al pene de un dios.

 

Malherido y hambriento, yo miraba la playa

y balbuceaba la palabra muerte.

Mientras, tú lamías la sangre

que pringaba mi pecho.

Me lamías, como una perra a su camada,

hasta que la palabra vida

emergía del mar turbulento de mi sueño.

 

Tu sexo sonreía

 

y ese nuevo naufragio era una fiesta

8

Visión

 

The dogs leap on Actaeon.
Stumbling, stumbling along in the wood,
Muttering, muttering Ovid:
«Pergusa... pool... pool... Gargaphia,
Ezra Pound,  The Cantos, IV

 

Velaba su vestido el misterio de la leche,

el misterio del destello que funde la indigencia

de los que evitan la ley humana

y persiguen la luz divina.

 

Oculto tras una mata,

te estremecías al ver la belleza absoluta

del cuerpo sagrado:

apariencia terrible que destilaba

el antídoto del veneno

que corroe el olor y el color

de los estíos muertos.

 

Deseoso de tocar la luz de su piel,

te acercabas cargado de torpeza.

Bastaba un parpadeo para que el doble sol de sus ojos

te cegara y transformara en árbol sin raíces.

 

Aun así, entre las sombras podías ver

a una panda de sicarios

surgidos de una nada poderosa,

y cómo de pronto te daban caza

sin ahorrar mordiscos ni patadas.

 

Mas sólo yo veía las pozas de sangre dulce,

las nuevas trampas para los osados:

las presas fáciles.

9

Testigo

 

Caer fue sólo
la ascensión a lo hondo.
José Ángel Valente, Ícaro

 

El día que lo vi surcar

aquella región del cielo,

el gregal escribía malos augurios

y la luz del mediodía abrasaba

los dédalos ruinosos.

 

Y en cuanto el cuño de las plumas

batía el sol, también vi

cómo la moneda cegaba a los curiosos,

y cómo él, seducido por su propia sombra,

abrazaba el mar y alaherido

entraba en la semilla 

que él mismo había sembrado

 

Durante la caída y antes de adentrarse

en lo invisible, gritó por tres veces:

la trasparencia, la trasparencia.

10

Augurio

 

Y es un hombrecillo de nada, pequeño y sin valor, 
que me ha privado de mi ojo después de domarme con vino.
Homero, Odisea  (Trad. M. Vallvé)

 

Si al atardecer el mar enrojece

y los hechos confirman los augurios de Télemos,

verás cómo las hojas de parra

caen sobre tu ojo colosal,

cómo caen, una tras otra,

sucias de sangre y empapadas de noche.

Mas si por el contrario es él quien se precipita

a la sima del fracaso,

debes saber que ni tú ni tu ley insular

lograréis amputar sus vínculos,

pese a que os asista la oscuridad de la cueva,

pese a que sus tripas se rebelen 

y un rumor de tropas hediondas 

retumbe cerca del orificio

que lo aleja de los dioses:

caño de un terror que halla su reflejo

en la horrenda ceguera de tu ojo

y en la boca 

delatora de los hombres sin valor.

11

El último día

 

Muchos elevaban las manos a los dioses, 
otros decían que ya no había dioses 
y que aquella era la última noche y el fin del mundo.
Plinio el joven, Cartas - Lib. VI. 20 (Trad. P.S.)

 

Con la soberbia de un río otoñal,

el flujo de roca ardiente

calcinaba el valle y su verano,

arrebataba el perfume del espliego

y la luz de las rosas,

talaba la memoria de la encina

y el linaje de los olivos.

Y tú, casi desnuda, sola aunque rodeada

de un enjambre de alaridos,

a media noche huías de los temblores

buscando el amparo de tu jardín secreto

(y el estanque que lo duplicaba).

Mas al llegar al mirador descubrías que el fuego

había convertido los pinares en sombras

sin dueño y que tu paraíso

era un laberinto de lava,

una blonda de tierra airada donde tus pies,

pringados de sangre y grasa,

tarde o temprano se enredarían

antes de tropezar con bulto calcinados.

Y poco después, cuando tus despojos

se hundían en la transparencia,

yo era consciente de que los dioses

habían muerto por nada y por nadie,

y que la lluvia de azufre

y los riachuelos de plomo

sólo eran el final del entreacto,

del fugaz interludio

entre la expulsión y el holocausto.

Epílogo

 

¿Es el vacío sombra eterna, orden inmóvil

que exuda luz y se manifiesta sin conciencia?

¿Es la luz sombra sublimada,

madre primordial que anima el limo

y unge las grutas que imploran una noche más clara?

¿Es el limo sombra tosca,

escultora de los cuerpos

que, gruñendo y aventando ceniza,

reclaman un destino superior?

¿Son esos cuerpos quienes disfrazan

su fragilidad con jirones de la sombra inicial,

quienes después de haber mirado

las sombras que de día se mueven,

idolatran la trinidad ilusoria del tiempo?

¿Quienes simulan un final donde la noche

deviene en un vacío que ciega la materia

y arrebata la luz de los rostros,

un vacío que saquea las sombras

y desde su nada disuelve

la transparencia de todo canto?