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produccio poetica oriol espinal

Producció(n) Po(è)(é)tica

Oriol Espinal

Periferias 1 #Luz


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Y caí como un cuerpo muerto...

El encuentro con mi sombra es un sueño recurrente

Oriol Espinal, Periferias

 

Y caí como un cuerpo muerto que cae desde un balcón,

cual alma de alas carcomidas, picoteada por las pulgas,

golpeada por los huesos del viento y las tinieblas

 

Los matorrales del abismo barrían mis aullidos:

teselas de un mosaico de inaudita estridencia

que los buitres dañaban con cantos espirales

 

Caí sin saber cómo, caí sin desear saber

si quien había empujado el bulto que me encierra

eran mis manos o las del otro que mora en ellas

 

Caí y sigo cayendo, y en lo alto que se aleja

veo un domo de dedos desmembrados,

y desplazándose hacia el polvo, un festón de cenizas 

colgado en una tapia de escoria y humo

 

Esta caída esclava me arrastra a un suelo incierto,

un suelo de espesa blancura interpuesta entre el ruido del roce

y el silencio de una nada que nada ofrece

 

La libertad es la inmovilidad del monje

sentado frente al muro del vacío completo

 

Pude leerlo en la constelación de garabatos

que los maestros antiguos anotaron en las nubes,

mas yo me vendí al vértigo y a su vorágine,

al veneno del vino y a la brisa en el rostro

 

De lo contrario no sería preciso lograr treguas

describiendo el error del poeta en volutas de voz

o escribiendo arabescos de palabras proféticas

en la lengua arcillosa de los monstruos del sueño

 

La derrota de la caída 

concede el premio del dolor

 

Lo cantaban los pájaros en los anfiteatros de una luna menguante, 

antes de hacer el nido con las canas de un ángel de paja

y durante mi nacimiento, entre rosas de cloroformo

y toboganes de morfina

Mi encuentro con la luz

se produjo entre chácharas y hedor de fumadero

 

El mundo que me tocó en suerte me abrió los subterráneos

donde pude admirar el helecho del fuego

y el caviar de una fuga,

el vapor de los sueños y el fulgor de un abrazo

 

Allí, mis ojos se llenaron de miradas sagradas,

de la tristeza de los siglos nublados,

de la tragedia que exudan las máscaras

 

Descubrí que los santos de madera extrañaban sus pedestales,

que la onda expansiva de su rota aureola

desgarraba el aire brumoso de los dormitorios del drama

 

Descubrí que en la cripta de las camas

el polvo sepultaba estampas de una Roma negra,

que en las hornacinas que ocultaban los armarios

las rosas de las cartas eran alas de mariposa,

plumas flotando sobre una incertidumbre

que avivaba el deseo de saltar

 

No a un pozo lóbrego ni a una alberca saturada

de ranas y larvas de libélula

 

Saltar equivalía a explorar territorios ajenos a la tierra, 

a despeñarse entre palabras que nada designan,

a desplomarse entre seres y objetos innombrables

 

Desde que puse los pies sobre el abismo,

el encuentro con mi sombra ha sido un sueño recurrente


23/02/2012