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produccio poetica oriol espinal

Producció(n) Po(è)(é)tica

Oriol Espinal

Periferias 1 #Luz


30

Lo que tal vez te hubiese dicho

 

¿Visitar el pasado?

¿Escuchar las voces perdidas

en la corona de las rosas?

¿Restaurar el edén que los otoños quebrantaron?

¿Regresar al jardín donde la verdad se encarnaba

en lirio y violeta?

¿Qué diablos pretendes lograr con semejante chaladura?

¿Profanar el santuario de un enigma?

¿Construir un puente que enlace las orillas del olvido?

¿Repintar los estíos muertos con los colores

de aquella noche feliz, de aquella noche feraz?

¿La noche en que la gelatina

del viento nos ungió con su trasluz?

¿La noche en que me referiste lo que a tu ojo le ocurría

cuando miraba el no-mirar de los despojos de una flor?

¿La noche en que admitiste sin ambages

tu incapacidad para escribir versos

que no fueran deudores de la poesía de entreguerras?

 

¿Te acuerdas que yo dije que sí,

que pese a ese inequívoco resabio

llegaría un momento en que tus poemas

se sostendrían sin tan admirables andamios?

Especialmente, –añadí– si en adelante

tenías el coraje de abrir las puertas de tu poética,

y no sólo con el propósito de ensordinar los chirridos

durante el encaje en su contexto histórico,

sino más bien como un modo de ventilar tus lugares poéticos,

para mi gusto demasiado marcados por ese brocado

de hedor de playa sucia, de inútil resplandor de cáliz,

de fatalismo cursi, de aspereza de griego abismo

 

Y no digamos si para colmo los presentabas condimentados

con nostalgia de rituales mistéricos y túnicas ardientes,

con aires transcendentalistas y resonancias órficas,

con la filosofía demodé que tus paseos entre fósiles inspiraban,

o con las resonancias del llanto de los náufragos

que, como tú, sólo sabían batallar

en las tempestades del alma

 

Entonces qué sería de la gran poesía

–dijiste, observando cómo tu doble desnudez

se deformaba en el charco insondable de mis pupilas–

si puestos a quitar le quitamos también el ámbar

de la flor y la flor de la memoria,

el perfume del espliego y el tufo de la turba,

la hiel y la miel que sujetan los bordes del amor

o el olor que desprende la ceniza 

que fue cedro antes que nave

 

Yo preferí no replicarte y me refugié en el silencio

que anunciaba la charla de los cuerpos

 

De todos modos, si hubiera sabido

lo que ahora sé tal vez te hubiese dicho:

 

–Y qué, si finalmente consigues descifrar

las claves del juego amoroso,

esclarecer la lógica de los susurros,

desarmar el motor de las caricias,

esas caricias que donarás a mitu sexo, 

a tumi sexo, al alba

y antes de regresar a tu universo muerto


06/07/2012