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produccio poetica oriol espinal

Producció(n) Po(è)(é)tica

Oriol Espinal

Periferias 1 #Luz


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Los inventores del miedo

 

Tiñe tu ausencia las sombras del frío,

las sombras del incendio que provocó tu luz

tras el deseo cuya muerte nos sepulta,

tras el deseo de beber la carne

que abrasa los labios, los labios

ungidos por la diosa con lechesperma,

con lechesperma de sus penezones de nácar,

con lechesperma de sus pezopenes de ópalo,

fuente del templo del infierno,

edificado sobre las ruinas del invierno,

del invierno que fue trono y cetro

de los ladrones del alma y el sexo,

de los inventores del miedo,

de los amos del fuego y el amor sin amor,

de los amos del bien impuro,

puro mal sin visos de humor,

tumor de la selva y el páramo,

del baluarte y el palacio,

tumor que corona un rumor

de niños en el humo perdidos,

de viejos paseantes entre rosales mutilados,

entre flores de espinas y espinas de memoria,

entre espino de acero y despojos sangrantes,

despojos de la estatua de la mártir,

la vieja mártir que cebó el amor con amor,

con una rosa y media mariposa,

con libélulas y alas de dedos,

alas de viento que despeina los nidos,

los nidos de los huevos de pascua, los nidos tejidos

en los cerros que huelen a comino y a orina de rata, 

a heces de pastor caídas sobre caminos

perforados por joyas de seis patas,

mientras los matorrales beben el último sol de la tarde

y la hierba se embriaga con la luna de julio,

con la espuma de plata de sus olas de luz,

de sus olas de perlas, que rompen contra cuerpos

apareados sobre la sombra de una cruz,

de una cruz inclinada de hormigón,

ahogada por la hiedra y los grafitos,

por el terror de los niños violados,

por el pecado más sensato y la virtud

que la belleza ha corrompido,

la belleza que cosquillea el sexo de las almas,

de las almas que no conocen la calma de la muerte,

ni el diamante de la suerte y su inerte destello,

bello fulgor que nada sabe del tiempo,

de los espacios con límites, de los espacios

que a sí mismo el cerebro se veda,

no fuera a disolverse la gota de hermosura

en los márgenes de la luz oscura de la nada,

de la luz que nada constata en las columnas rotas

o en la fósil negrura de las grietas del hielo,

de las grietas del cielo que liberan

la leche pétrea de una diosa blanca,

de una diosa líquida, toda ella forma sin forma,

horma del universo y de su doble,

noble blancura, pureza del roble,

nimbo en el viento, nimbo en el vientre,

en el vientre que alumbra desiertos y seísmos,

roja penumbra, rojo basalto,

nimbo en la boca que arroja el destino del ámbar,

el destino del hambre, el destino del hombre,

del hombre perdido en un mar sin amor, sin poetas,

sin hermeneutas que proclamen el resplandor

que un río de cristales escribe en la rosa sagrada,

en la hoguera de pétalos del corazón,

del corazón que sorbe el mar del alma,

sus algas de hierro y de piedra,

sus flores, sus soles, sus verdes,

sangre única, sacra, multiforme,

desnudez cegadora, ceguera

que otros ojos concede, rojos ojos

que ven lo invisible en la negra luz del fulgor,

del fulgor que expele el amor

si en el amor se admira


18/08/2012