La fijeza es siempre momentánea.
Es un equilibrio, a un tiempo precario y perfecto,
que dura lo que dura un instante
Â
Octavio Paz, El mono gramático
La fijeza es siempre momentánea.
Es un equilibrio, a un tiempo precario y perfecto,
que dura lo que dura un instante
Â
Octavio Paz, El mono gramático
Este poema es un viaje
por un lugar fuera del tiempo,
un sombrío no-lugar v a c í o donde la indeterminación todo lo llena,
donde un verso cualquiera abre caminosÂ
que son todos los caminos y ninguno al mismo tiempo
No hay ni habrá final de camino
Cada palabra es un punto de partida sin par,
y la ausencia que separa los versos no es otro poema, es el Poema
(surcos de blanco aire) entre (surcos de tierra ocre y sin cizaña)
leer
de
arriba
abajo
es
seguirle
el juego
al
viejo
paradigma
p a l a b r a s d e s e m i l l a s q u e b r o t a n h a c i a a d e n t r o y e n l a n o c h e a r r a i g a n
¿sí-la-bas?, sí, sí, golpes de martillo
sobre un yunque
cuántico
sÃncopas que galopan ante cronómetros de color zanahoria
y olor de  ^ala^   e n   f  u   g   a
Ala fulgurante
de lo incorpóreo,
imposible escultura
de una letra, de un signo muerto (‡),
de una sombra de ‘escorpión arrastrado por el viento
Tiene el viento que hurga el llanto la sustancia del tiempo?
De tiempo está hecho un (.), una (,)
una inhalación inodora entre carcajadas y lamentos,
de tiempo que no es flecha invisible> sino (((diana))) tejida por deshilachadas arañas
lianas horizontales,
h
o
r
i
z
o
n
t
e
s
verticales
Â
 todo sirve si una voz l@s explora y  e x p a n d e
si disuelve los fonemas y los reemplaza con aullidos y crujidos y quejidos y
Martir de ti mismo: ¡disuelve tu no y engendra tu sí!
y entrégate a una insana santidad que te haga dudar de nada,
que te haga creer en los átomos de deuteronomio,
que te haga descreer de ese Dios inmaterial y vanidoso que de niño te asustaba
¿
a
s
c
e
n
d
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s
c
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n
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o
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La respuesta se está cociendo en el huevo de una serpiente bicéfala
incubado por dunas proteicas salpicadas de pezones de cuarzo
y piedras de luna
Dónde?
Dónde hallar una luz que rellene mis venas y mi sangre desplace?
Donde las olas constriñen mudas, asexuadas caracolas
Está Donde aquí, allá? Dónde está Donde?
Ni aquí ni allá
Aquí sólo hay cuerdas sin nudos
y nudos sin desenlaces
y desenlaces blanconegrogrises
Aquí no hay luna gitana, ni luna de plata, ni luna escarlata
En este ámbito la luna es el fondo de un pozo que late,
el universo donde este verso tiene su eco,
el Ojo purulento de un cíclope cojo
El imán de su mano atrae la arena que las rocas vomitaron,
la rosa de luz que azulados paraísos arrasa
sin mirar el verde fuego de la tarde rosa y malva
en cuyo cáliz ella te dio a probar el vino acerbo del alba
A rose will fly
When a red sun
By midnight rises.
A rose whose lips
Are bloody petals,
A rose whose fingers
Are dying thorns,
A rose whose heart
Is...
Un instante de dolor fértil en una arboleda de relámpagos
Un placer difícil que desgarra las miradas
Viento que hurga el llanto del tiempo
Tiempo que hostiga el canto del viento
Aliento del tormentoso mar hambriento
Mi sonrisa amarilla bordada en una bandera transParente
cuando un racimo de yelmos y un sagrado ♥se adueñan de las tardes
y la realidad es un mosaico de ascuas en tránsito,
y cada fósil pateado, un mundo inexplorado que se extingue,
y cada grito selvático, un verso malogrado disuelto en el fango
Â
De arcilla, esperma y caucho será la mortaja de tu cuerpo
Σuerte o Muerte ?
Sabré licuar, cuando llegue a niño, la mala memoria de los mares helados?
Extraer de su carne ingrávida los tumores de basalto y sílice?
Restaurar en su piel deslustrada el caleidoscopio del cielo?
Muerte o Σuerte ?
Una mañana del año que viene, mi nieto me dijo:
los hombres con cabeza de ciervo
se comunican con cantos de sangre y cieno,
se masturban ante hierofantes ahorcados,
se adoran ante espejos de agua hedionda
y con ojos de rata se adornan las cejas,
y con sogas de plata se engalanan los cuernos,
y con lobos de lata decoran sus casas
De repente, uno de los hombres con cabeza de ciervo asevera:
un poema es
un castillo zarandeado por seiscientos sesenta y seis seísmos,
dos hormigas felizmente perdidas en un mar de niebla,
tres cabezas reducidas con la última pregunta bordada en la punta de la lengua,
cuatro rayos de sol prendiendo las cenizas aventadas de mi cuerpo,
cinco bosques de eucaliptos conservados en una mina de esmeraldas,
seis faunos degollados sobre un rosal recién plantado,
siete velos que descubren una estatua de pan y mantequilla,
ocho hermanos que ríen ante el féretro de su madre,
nueve ladridos que reniegan del concepto de amo,
diez leyes divinas dictadas por un ruiseñor del averno,
once mil vergas vírgenes rodeando la iglesia de santa Úrsula,
doce apóstoles disfrazados de dioses griegos disfrazados de patriarcas de Israel
Y luego:
en la pérdida del norte se halla la salvación del mundo,
el diamante barato que arranca sonrisas a las chicas de la calle,
la putrefacción del pienso que da inexistencia al ganado,
el desierto verde que viaja montado a lomos de una ola,
el hambre solidario, la sed compartida, la mancha de aceite del frío
Y finalmente:
de
la
A
a
la
Z
media
un
multiverso
de a' a b', un ciclo infinito de redestrucciones
de 0 a 1 elevado a 9999999999999999999999999999999999999
una mota de polvo
un átomo de alma
un grano de nada
Y ahora que mi nieto se disuelve,
caminaré, a tientas y desnudo,
hacia ningún lugar y sin alforjas,
mendigando a mi mente un verso-fuente
que rompa los cristales de la tarde
y en mis manos derrame leche fría
Un verso-lanza que desgarre el vientre
de este blanco agonista que me mira
sin ver mis armas ni mi afán creciente
Un verso-dedo que con mierda escriba
–al dictado de Dios y del demonio–
un verso endecasílabo sublime
que anule a Garcilaso y a Petrarca
Un verso transparente donde brote
el color del aullido y de la caza,
el fulgor deslumbrante de tu espalda,
el calor acerado de mi espada
Un verso-canto sin ocaso altivo,
de cadencia auroral y orden celeste,
de armonía abisal y metro agreste,
de intención amoral y de amor vivo
Un verso-puente que una orillas muertas,
que a los dioses ancianos dé cobijo
y de azul triste tiña los adioses
Un verso-puerta en medio del desierto
de mi frente arrugada, yerma, estéril,
deseosa de negra luz del alma,
deseosa del viento que el sur calma
Un verso-hembra goteando entre mis ojos,
carceleros de un mundo inexplorable,
hostil al tigre y a su absurdo mapa,
al compás, al sextante, al catalejo,
al pan de arena y a las aguas hondas,
al eclipse de sol y a los cerezos
Un verso-puerto frente al telón yerto
que oculta velas negras y fracasos,
fúnebres comitivas y ojos blancos,
joyas de lágrimas y amores muertos
Un verso-espejo, enguantado en mis dedos,
que redoble las joyas de mi infancia
y cuya luz defina la áurea bruma
varada en los laureles del pasado
Un verso-sueño en mi sueño engarzado,
de la escarcha del fuego liberado,
pedernal cósmico en la noche nórdica,
esperma del mal bueno y del bien vano
Un verso-antorcha que avive los versos
fosforescentes de mi muro mudo,
bandera apátrida, negro estandarte,
mina de oro, asesino de mis noches,
libro de arena sin letras ni espacios
Un verso en tierra de nadie mendigo,
una alianza entre tribus y capillas,
un tallo sin espinas, una soga,
un rayo que me ayude a descolgarme
por esta blanca sima interminable
 U–
n–
a–
h–
i–
l–
e–
r–
A–
m–
i–
l–
i–
m–
e–
t–
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a–
d–
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R–
m–
i–
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I–
g–
a–
s–
h–
o–
r–
a–
D–
a–
u–
n–
p–
u–
ñ–
a–
D–
o–
d–
e–
a–
r–
r–
o–
Z–
Debo horadar el aire durante el descenso?
Hurtar el arroz de las hormigas díscolas?
Combatir el tedio rezando inanes letanías?
Blanca palabra que al filo del alba a ti misma te dices
protégenos del filisteo
Espacio blanco, blanco vacío de espuma y mármol
protégenos del filisteo
Blanca exudación que la piedra de tu locura destila
protégenos del filisteo
Arpegio blanco enredado en las cuerdas de una arpa rota
protégenos del filisteo
Blanca pluma de ángel caído en desgracia
protégenos del filisteo
Libro blanco empapado de leche de mi madre
protégenos del filisteo
Blanca hostia de la sureña noche esquiva
protégenos del filisteo
Monte blanco de las almas perdidas
protégenos del filisteo
Blanca espalda de Afrodita, seno albino de Diana
protégenos del filisteo
Nubio blanco que das de beber a la cobra
protégenos del filisteo
Blanca vulva de la virgen que no subió a los cielos
protégenos del filisteo
Bulbo blanco que sorbiste las cenizas de mi padre
protégenos del filisteo
Blanca carne que de viejo lamí entre sábanas
protégenos del filisteo
Niño blanco de mis horripilantes pesadillas
protégenos del filisteo
Blanca savia del cuerpo de higuera en flor
protégenos del filisteo
Nicho blanco del descanso efímero
protégenos del filisteo
Blanca eternidad de la luz trenzada
protégenos del filisteo
Ruido blanco del aliento del lobo
protégenos del filisteo
Blanca cueva del oso de hollín y sebo
protégenos del filisteo
Buitre blanco que mi sombra adornas con tu sombra
protégenos del filisteo
Blanca mano que a la onza de Dante apaciguas
protégenos del filisteo
Musgo blanco del pesebre de mi vientre
protégenos del filisteo
Blanca baba que ungió lenguas y mejillas
protégenos del filisteo
Vórtice blanco de los amantes en lucha
protégenos del filisteo
Blanca rosa del ramo de mis pechos
protégenos del filisteo
Altar blanco del fósil incompleto de Dios
protégenos del filisteo
Blanca selva del silencio y el vacío
protégenos del filisteo
Cisne blanco que aguas secretas remueves
protégenos del filisteo
Blanca mácula en los ropajes de mi aura extinta
protégenos del filisteo
Manto blanco del muro amigable de tu cuerpo
protégenos del filisteo
Blanca flor que a la flor de adelfa envenenas
protégenos del filisteo
Destello blanco en las calles del sueño
protégenos del filisteo
Blanca sierpe dormida en mi boca
protégenos del filisteo
Pétalo blanco del sombrío jardín de mis dedos
protégenos del filisteo
Blanca tumba de los vilanos sin dueño
protégenos del filisteo
Halo blanco en las herrumbrosas garras del cuervo
protégenos del filisteo
Blanca penumbra donde mi ser se funde con la nada
Se contiene la nada en este verso?
El viaje de este poema, en el viaje de mi ser?
El infinito, en una mota de polvo?
Hay 8 ∞s en dos almas amadas
ϒ
un sol negro •• . que mengua al caer
ϒ
una ∩ sin guardián en el páramo de un mar seco
ϒ
un ♣ impasible que embebe las lágrimas del perdedor
ϒ
una
Ω
amiga
al final del camino
Qué final?
Qué camino?
Un cisne reflejado en un bloque de niebla helada
No!
El grano pacífico que separa dos ejércitos
¿Es nuestro universo el grano de un racimo infinito en eterna confrontación?
Donde hay espacio hay conflicto
y donde hay tiempo hay dolor,
y olor de herrumbre y derrumbe del color analgésico de las magnolias,
cuyos pétalos flotan en los charcos como barcas de Caronte a la deriva
Esas aguas hostiles me aterran,
y las muecas de la roca ulcerada,
y los susurros de los marineros difuntos
Es el miedo atractivo que nutre al explorador
El miedo angustiante que el lugar sagrado inspira
La brisa apesta a pólvora asesina,
y la luz mortecina esculpe un hórrido gesto en sus rostros
Llovizna de plomo en el pecho herido,
y en los escenarios sin tiempo verde, navajas y una luna desollada
Cuando caiga la noche, el gran buitre mondará los relicarios de la iglesia profanada,
y sobre la oscura raíz de un grito
erigirá el frío un monumento
De todo esto los cuervos se desentienden
¿Entienden que la muerte, como el nacer, sólo es una palabra,
y que la mente es un tapiz urdido con líneas de tiempo que sofistican el pasado?
Ni esto ni que la poesía es un cúmulo de hechos en floración
Definibles?
Mira las flores de este calvario de agaves,
y cómo sus sombras oscurecen la negrura de un camino de hormigas y escarabajos
Lo estoy viendo y no me disgusta
the way ants crawl in and out of their shadow
Aunque puestos a elegir, prefiero contemplar al mirlo
cuando su cuerpo es un pictograma indescifrable
y un río celeste su canto acuoso
José Ángel Valente dejó escrito que el canto del pájaro es líquido,
y también que la palabra poética sólo se reconoce en su fluir
Un poema intraducible
Lo es también el oro de las minas de Rodalquilar?
Y los puños de viento que ahora nos castigan
Mira el mar de ámbar!
Mira el dorado magma del cielo!
Y el río mercurial del valle de humo y fuego
Y la mueca sardónica del suicida que envenenó su hermosura
Se proyecta en su frente el signo de los dioses caídos
Mientras silbaba amargas arias de amor
la noche del ojo le mandó pegar fuego al rocío que pringaba los páramos,
y a desgarrar el velo silente del gato
que cada amanecer lentifica y acelera el tiempo
Dando la espalda al asfalto que fundó el último desierto,
condenado a residir en un limbo animal,
su sombra colgada contempló la flor del carbón y el bosque de basalto,
y el espacio inclinado de la lluvia,
y la paz breve de la feraz derrota,
y los cristales irisados del lago de orina y sal
Millares de palabras cercenadas se agarran al tifón de un sol nebuloso,
despojos verbales que los gruñidos arrojaron al perder para siempre las orejas,
preparaciones de revoltijos cerebrales
cuya belleza será desmentida por el microscopio del océano
Y esos regueros de negras pisadas,
signos derrotados, runas rotas, adónde conducen?
Por qué no los cubre la nieve pegajosa de agosto?
Qué fermentan? Qué destilan? Qué subliman?
¿Acaso corroerán el pedestal de los brujos que los vieron,
la lengua de las estatuas que hacen ademán de declamar un primer verso?
Níveas larvas y orugas rojas engullen los cascotes del laurel de las coronas
Dafne y Dante son hoy manchas de hollín en las ruinas del infierno
Si Artaud se cruza en mi camino, le diré que un verso debe ser baba humilde,
efímera espuma de ola,
no joya largamente elaborada en el taller de los siglos
Artaud: luzbel de azul beldad
Artaud: luciérnaga de la tempestad
Artaud: lumbrera de la fealdad
Artaud: linterna de la malignidad
Artaud: antorcha de la moralidad
Artaud: almenara de la anomalidad
Artaud: incendio de la crueldad
Tu se' lo mio maestro e 'l mio autore
No me des coba, que hay muchos otros funámbulos a quienes has mirado
Lo estás viendo?
Justo encima de la sombra dentada del abismo,
un valiente diamante funámbulo se rie del confort del agorero
Y sobre el alambre tendido entre dos nubes,
en el límite de la vida, donde las lágrimas saben a flor del paraíso,
se hace visible el aura mineral,
la efímera divinidad que a hormigas y a ovejas exaspera
No hay centro en la cuerda floja ni cálido cobijo en la pisada sin huella
Se aprecia en la caída acelerada un resabio del lento y plácido ascenso a los cielos
El charco expansivo de sangre muestra el ectoplasma de los helicópteros
y un cimbreo de cables desolados y un millar de cabezas rajando las ventanas
El Dios que no ha muerto reside en el más acá,
arrodillado sobre un arco invertido de trenza espinosa y balsámica,
condenado a escuchar el murmullo reprobatorio del gerifalte,
de la lombriz que devora rastros intencionados,
de la soltera que ama peligrosamente a su progenitor
En su ingrávido caminar nos recuerda que también Cristo fue un funámbulo
En la ceguera de su mirar hacia adentro
nos dice que la tierra prometida no se halla en el cielo de la rayuela
ni tras la puerta que se abre ante la cruz,
que la tierra prometida es un estado apátrida
donde el condenado a explorar el alma descerraja las fronteras,
que la tierra prometida es un lecho de rosas
que oculta un lecho de brasas,
que la tierra prometida es el desconsuelo del loco
que olvidó el modo de bajar de los árboles
Aun así, es un deber prometerse a uno mismo una tierra baldía
donde dibujar alas y flechas,
donde regar los cobijos de huesos con sangre de fresa y caldo ardiente
En primavera los bosques erigirán altares y menhires,
demolerán dólmenes y fuentes, restaurarán ecos y rugidos
El mar se cubrirá de flores y los cormoranes pescarán rosarios rotos,
y un padre lejano peinará las cuerdas de una viola ausente
mientras camina sobre el filo de un adagio de Beethoven
y un torbellino de ceniza acaricia un árbol abatido
No sucedió en la jungla
donde la salmodia de las raíces enloquece a los intrusos,
ni en la gruta tormentosa del teatro de tu frente,
ni en el lago donde los cuervos se desangran
hasta perder la tinta de las plumas
Tal vez aconteció en la azotea de un palacio en llamas
donde los cisnes capados hacían del chapoteo en el asfalto
una coreografía inimitable, un psicodrama dañino, un ritual sin objeto
O es que acaso no sucedió?
Fue un sueño no soñado el camino que besaba la planta de tus pies?
La senda en el espinazo del profeta?
La vereda donde las arañas desovaron el futuro?
Aunque el capullo florezca y la flor se marchite, nada sucede
Florecer y marchitarse son uno y lo mismo,
piezas idénticas del engranaje del no-suceder
Nada ocurre en las periferias que te envuelven
ni en el concepto ilusorio de centro,
y aun así, miras por la ventana de la noche durante lustros,
aguardando que algo insospechado acontezca,
imaginando un león que rastrilla los coágulos de un dios enfermo,
imaginando una granada que con el jugo de sus ascuas
empapa las cenizas de un alma malograda,
imaginando una montaña que se raja y se derrama
sobre los bellos relicarios del consuelo
En tu mirar el tiempo tiene el color de la nieve del trópico,
y en tu sonrisa fulge la angustia de un girasol desorientado,
y las sombras que a la vista sabia se te ofrecen
se revisten con una pátina de plenilunio selvático,
de daguerrotipo ahumado,
de mural cubierto con tapices iconoclastas
El mundo de las riberas que estriega tus pupilas
vive de espaldas al daño causado,
como el crótalo aletargado o el sapo del tocado del chamán
río arriba, río arriba
canto, dando impulso a mi canoa
río arriba, río arriba
Kurtz vendrá a recibirme
río arriba, río arriba
Bajo el agua los ocasos
río arriba, río arriba
se hundirán con el no-suceder,
río arriba, río arriba
y en la fontana cazaré el murmullo
río arriba, río arriba
con redes de savia y brea
Y en la cara oculta del hontanar me secaré con un sudario de sal,
y ahuyentaré a los monos que defecan sobre mi rastro,
y a los pájaros que en las heces incrustan nueces de sílex y uñas de ceiba
Al anochecer me zambulliré en la aguas de la boa y del caimán
y haré añicos el firmamento que se abisma en el espejo,
y beberé luz de estrella y brindaré por los límites y sus regalos y mordiscos
Tal vez escriba una oda a la frontera
y al borrón que la aduanera tiene por rostro,
tal vez la recite frente a la momia de un gorila blanco
o la susurre al oído del cadáver putrefacto de Kurtz,
tal vez no la escriba y esculpa un gruñido inaudito,
tal vez invente una palabra que lo defina,
tal vez no haga nada salvo nadar en el mar de una pesadilla
y examinar, en un silencio sin ideas ni lenguaje,
el hueco brumoso donde la voz encuentra su antesala
O mirar un punto minúsculo
que desdora la apabullante blancura de un muro mayúsculo,
emblema de un falso final
que enmascara el eslabón de una cadena eterna de vórtices y expansiones
En un ámbito que sin solución de continuidad fija y destruye los límites
O tejer una corona de serpientes
que rinda homenaje a la voracidad de un monstruo lacustre,
hijo de la densidad cósmica
que ceba sus entrañas con innominados bosones sin campo
En un ámbito que sin solución de continuidad fija y destruye los límites
O cantar al oído del agua negra
canciones brujescas que despiertan tormentas concéntricas,
trasunto de una inconsciente voluntad
que aleja la isla de la isla y el vilano del vilano
En un ámbito donde mis labios centenarios
representan la sonrisa que pegaste en mi lengua veinteañera,
el sabor de los susurros que lamí en tu oreja púber,
la tersura del satén que velaba tu puerta rezumante
cuando reptabas entre pieles estregadas
Lo escribo en el códice de los lechos de arcilla
y en la roca que se unge con mi sangre
Lo borro del rugido que tala los árboles
y de las nubes que apagan el sol que me erige
Lo grito bajo las bóvedas de la gruta convulsa
y en medio del viento que despeina el vellocino
Rituales postreros tras el festín melancólico
que aflora en el corazón de mi flor desvencijada
si hurgo los recodos de tu cuerpo inalterable
y no hallo la savia resinosa de antaño
ni una luna ambarina entre tus pechos
Anúdame a ti, alma negra desnuda, y constriñe mis huesos
hasta que la urna de mi voz se resquebraje
Entra, afila mi daga mellada, pídeme que te apuñale
hasta que ahoguen el espacio tus gemidos
Deja que mi éxtasis se abreve en el altar de tus olas
y arroja la luz de los bosques
en la tregua de un pozo de nada y olvido
Donde los nebulosos horizontes ondulan labios enlazados
y las yeserías de los techos sugieren temblores y naufragios
Existe un lugar donde mi niñez refulge en los escombros de una alcoba
Sus episodios tienen la voz de la anciana que asombró al rey del mundo
Los castillos en ruinas son el mejor palacio para una agonía provechosa
Lo dijo de niña, cuando su piano le roía las uñas cargadas de mentiras
y en los negociados las mecanógrafas exigían violines y pistolas
Lo dijo años antes de que las caricias muertas cayeran hacia arriba
y colisionaran contra un cielo jamás pintado
Entre el revoltijo de nubes asomaban sonrisas quebradas,
vestigios de besos deseados, sordos ecos de sinceros requiebros,
soledades al espejo abrazadas, susurros de desvanecida ternura,
perfumes sin imán, lágrimas desengarzadas de la joya del gozo
Yo te amo por lo que él dejó de amarte, madre de mi madre
Conservo tu música paralítica en los sagrarios de Bach y Debussy
Tu genio es el mar de mi alma, mi pan de cada día
Cada mañana, al salir indemne de las justas del sueño,
te saludo desde mi cama que fue tu balsa y catafalco,
tu altar de la semilla y del retumbar de las bombas
La ligereza de tu fraseo padeció la condena injusta del plomo,
y en tus dedos malogrados nacieron zarzas y montes insalvables
Aun así, recluida en un silencio de estatuas mutiladas,
salvaste a tus vástagos, salvaste a tus vástagos
del frío que encarcela las convulsiones del arte
en un sótano donde el tacto y el oído resultan un estorbo
Sin tu sacrificio, el fulgor invisible de la música
no irrumpiría en mis aposentos desquiciando puertas,
importunando a los tibios habitantes de las cómodas
Sin tu sacrificio, yo no sería el mendigo que malgasta su limosna
observando las huevas del papel pautado,
degustando el enigmático néctar de su dialecto
Sin tu sacrificio, la luz de mis sueños sería triste, sucia, común;
la oscuridad, monótona sombra sin manchas de fósforo ni venas de oro
En tu honor romperé jarrones chinos y copas de Murano
En tu honor anticiparé el verano incendiando atriles y metrónomos
En tu honor ahogaré con vino las cuerdas herrumbrosas del piano
Sé que nunca me pedirás que escriba la música del fuego
en la vorágine de un estuario de lágrimas
Sé que nunca me pedirás que oculte mi dolor en una nube de cantos
El dolor es un mal hermano al que podríamos matar
si no fuera porque el peor de los dioses es quien teje la seda del tiempo
Él es el culpable de que las armas de quien sufre se despunten
cuando el silencio se enfunda la armadura o el traje talar
Aunque te duela, debes pintar una rosa blanca en tu espalda,
dar licencia a tu piel ciega para que mire mis ojos heridos,
proclamar ante el espejo que la crueldad señorea en el amor
en igual medida que en el espino de la melodía más hermosa,
esa serpiente que se adentra por las arterias del alma
dejando a su paso un reguero de astillas, cristales y clavos
El rostro de madera que has labrado en tu cara huidiza
no te proteje de los mordiscos de tu fuego oscuro
Debes mojar con luz y música las flores de sal
que en tus mejillas abandonaron las lágrimas,
y aceptar que los ángeles puedan causarte un daño mayor
cuanto más lejos estén de la llaga que hurgaron
Flagelar con varas de dolor el dolor que te aflige,
corrompe el aroma de los pedernales milenarios
que el mar ya había acariciado antes que tú,
enturbia los pórticos diáfanos del agua templada
que cada verano se hermana con tu agua cautiva
Deja que el sol acecine las alas del desconsuelo
y parte las flechas que esgrimen razones para la muerte
Yo bajaré del árbol de las sombras luminosas
y estregaré tu piel muerta en su corteza encendida
Y el próximo invierno, mientras contemplemos la agonía del mundo
desde el salón suntuoso de un viejo hotel vienés,
te contaré que Dios se retiró del espacio inexplorado de mi mente,
que se dio a la fuga ante el empuje del dios que yo soy
cuando expugno monasterios fronterizos,
cuando tolero que un viento sin aire arrastre a mi red
bultos informes de luz sin fotones,
sombras inasibles que insinúan brotes y eclosiones,
nubarrones erráticos que sugieren
en la misma medida que desmienten
Escribir poesía es para mí una forma de orar
No el hecho en sí de componer este a aquel poema
La escritura de la poesía —previa a todo verso
que trate de reseñar aquello que la videncia propicia—
es una solución que el poema transforma en problema,
y sólo tiene lugar en la caverna del misterio que a tantos asusta y asombra,
en la percepción irreductible del vacío y del arraigo de la nada,
en el deseo de regresar al hogar de lo cotidiano
que la incertidumbre del abismo nos infunde
Adentrarse en lo no dicho, entrever su nimbo sombrío,
caminar sobre las mellas de su filo cortante,
arrancar la flor de Coleridge de su cuerpo,
son actos propios de quien embriagado por lo terrible
se afana en dar caza al alma del alma,
en sumergirse en el mar que sin límites se extiende
bajo el lecho del río de lo no revelado,
en regresar al nebuloso teatro de los días
con un incomestible y extraño fruto entre las manos,
para luego entrar en letargo y digerir el regalo de la cripta,
y esculpir su dureza hasta dar forma al aroma de un pétalo,
y prensar la flor del perfume en un libro en blanco,
y balbucear, con la boca llena de arena, la palabra viento
Y finalmente, despertar y contaminar con el aliento
el aire de las ánforas rotas, y escanciar el vino nuevo
sobre los surcos sin labrar, y cosechar el vaivén de las sílabas
que navegan sobre la lengua y emprenden el vuelo
sin mayor equipaje que un manto de memoria
y unos huevos de emoción por incubar
...