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#16, du-champ-i-ssue

Y Sin Embargo magazine

§ Fernando Prats editor, 2008

Un número dedicado a explorar las propuestas de Marcel Duchamp. No su vida, no su obra; tan solo algunos de sus conceptos. Realizado con aportes de artistas, pensadores y diseñadores de todo el mundo combinados con la explícita intención de producir a su vez un objeto duchampiano.
—el medio como instrumento intelectual que traspasa su especificidad y se burla de ella
—la obra, independientemente de su carácter representativo e interpretativo
—«arte» en términos de convenciones, lo más «amorfo» posible
—«obras» en las que la obra no es una finalidad en sí misma, sino una excusa
—interpretaciones o, mejor dicho, lecturas que pueden convivir a pesar de ser aparentemente excluyentes
—objetos «anestesiados estéticamente», anulados en su probable complacencia de la mirada, «rectificados», «asistidos» para otorgarles una nueva —a menudo, insólita— significación. Como en la elección de los «ready-mades»: «basada en la indiferencia visual y en la ausencia total del buen o mal gusto»
—obras «definitivamente inacabadas»
—rrose sélavy, su alter(-)ego
—ajedrez, máquinas ópticas, matemáticas, geometría, «artefactos»
—la «pintura mental», «pintura de precisión», el rechazo de cualquier elemento en el que la mirada se pueda recrear con fruición
—texto, – bloques, – fotografías, + mixed-media, + pintura, + ilustración.


#16, du-champ-i-ssue


Rrose habla siempre en S.

Oriol Espinal

Tras una nueva jornada de bloqueo creativo, cerré mi cuaderno soltando un exabrupto y me acosté sin dar siquiera las buenas noches al gato. En cuanto caí dormido, una mujer —digamos que ambisexual— irrumpía en mi sueño y decía:

—Because actually, Monsieur Duchamp c'est moi. And you? Who damn are you?

—No lo sé —yo respondía—, y eso, según usted (si en verdad es quien afirma ser), sería lo mismo que decir: no creo. De hecho, tampoco sé por qué ni para qué soy, y mucho menos qué soy y cuál es mi lugar en este sueño.

—Todo aquel que crea no cree —susurraba la mujer-, pues solo quien, con suma discreción, descrea en mí podrá labrar el campo inconmensurable que regalé a los hombres. Quiero que seas el nuevo misionero de la insolencia, quien restaure mi reino antes que las ideas se extingan de las palabras y estas únicamente sirvan para dar sentidos pésames sin sentido a los solteros rechazados.

—Pero si usted nunca deseó tener discípulos —dije, sin dar crédito a lo que estaba oyendo.

—Mi único anhelo en estos momentos —respondía la mujer— es que actúes como la resolución de mi voluntad retardada. Anota en tu mente lo que voy a decir y transfórmalo en un «mordente» físico contraestético:

1. Acte d'honneur: lograr que en la no-visión se haga visible el sol que abrasa los órganos de placer retinianos (mejor si antes te encomiendas a santa Lucía).

2. Acte d'humour: desdaliniza el bigote de esa muchacha cuyo nombre suena a puta cara (debes hacerlo tú-même: no valen barberos que aspiren a un lugar en la historia).

3. Acte d'amour: buscar la primera versión de la Roue de bicyclette. En este caso, asegúrate la colaboración de un buen sabueso. Si finalmente dieras con ella, pega fuego al taburete y fija la rueda sobre un cubo de mármol en cuyas caras visibles, y con lápiz labial (mejor rouge que rose), deberás escribir la frase: «Who’s Afraid of Rrose Sélavy?». Luego instala la obra en el 68 de la Rue du Vice, en Rouen.

Siguiéndole la corriente, le pregunté si debía hacer algo por la chica de Filadelfia.

—Naturalmente —respondía ella—, y ese será tu tour de force. Busca un varón (mejor si es apuesto) dispuesto a complacerla de por vida. La que armó el gran tinglado del mundo ya dijo que no era bueno que la mujer estuviese sola, y mucho menos...

De repente, una voz en la oscuridad interfería en la charla diciendo:

—¿Y no dijo de paso que no era de recibo que la verborrea se adueñara de los párrafos?

Percibiendo mi perplejidad y con voz de anciana bondadosa, la mujer me decía:

—No temas, hijo, es Ferdinand Dupré, el editor de And However. Su enfado (aparente y metairónico) amainará en cuanto nos adueñemos del silencio que ilumina el castillo de las ideas puras. Sin embargo...


Nourishing concepts

Oriol Espinal

Collage para #16, du-champ-i-ssue 2008#3
Collage para #16, du-champ-i-ssue 2008#3
Estado de la pieza al llegar el verano
Estado de la pieza al llegar el verano
Estado de la pieza tras la colonización
Estado de la pieza tras la colonización
Estado de la pieza tras la colonización

Nueve meses después de que la fotografía fuese publicada, la mantequilla que untaba la rebanada de pan del modelo se fundió a causa del calor estival y se unió con la palabra que la nombraba. Con ello, creó un juego conceptual que sin duda habría complacido a Duchamp. Este juego se conecta indirectamente con la «Voie Lactée» del Grand Verre, tanto por la forma de nube que presenta la mancha de mantequilla como por haber sido provocada por un derivado lácteo.

La entropía continuó su labor con la llegada de unos bichos hambrientos, atraídos por el modelo. Además de alimentarse con el pan y la mantequilla, los forasteros acabaron estableciendo una colonia. Un buen día, y sin motivo aparente, desaparecieron del escenario con la misma discreción con la que habían irrumpido. Si observamos el estado del modelo tras la actividad colonial, no resulta difícil notar que los conceptos nutritivos que recubrían el pan no resultaron apetecibles para los insectos, pero tampoco les provocaron rechazo, lo cual siempre es de agradecer.