Merodear/auscultar el soporte analógico DESDE el soporte digital, quizá replanteando la situación, no ya como los herederos de un tiempo previo que participamos del cambio, sino como si lo digital hubiera sido la norma desde siempre y desde allí cuestionáramos los soportes ‘antiguos’.
– por qué toleramos (y hasta buscamos y nos regodeamos de) las precariedades y limitaciones del soporte analógico? En especial los libros.
– para compartir/share algo de un libro, hay que typearlo y subirlo, cuando una vez digitalizado, el proceso está terriblemente optimizado.
– cuál es la utilidad entonces de ‘el libro’? Es un gesto de privacidad y un refugio? Un solaz? Una negación?
– qué sentido tiene enarbolar la validez (aparentemente de puro fetiche arcaico, retrógrada) de un soporte que no tiene una décima parte del alcance y las posibilidades del soporte digital (a través de la red, desde luego)?
– qué ficciones se han tejido históricamente, hasta la era digital, en torno a las obras presentadas como un absoluto acabado, definitivo, inalterable, individual, unipersonal y último, a causa de las limitaciones de lo analógico?
(Su difícil alteración, aliteración, reutilización o reciclaje.
Esa eterna sensación de cosa terminada, cerrada, definitiva y en definitiva: quieta.)
– cuánto de ese romance con los libros está sustentado en errores de lectura, en concepciones ingenua y falazmente «románticas»?
– lo digital solo pone en evidencia un tránsito que antes se veía entorpecido por las limitaciones de un soporte precario?
– no habría que cuestionar seriamente la posición jerárquica del libro?
– qué sentido tiene la cosa tangible cuando la tecnología la ha vuelto innecesaria?
– qué revisiones urgentes demanda el diálogo obra-soporte, mensaje-medio?
– lo digital depura la obra, forzándola, acorralándola, hacia el tránsito y la volatilidad que le corresponde?
#21, ink or link? · 2009#4