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#25, just a memory · 2010#4

Y sin embargo, Magazine

§ Fernando Prats editor, 2010

El tema de este número es la memoria, su rol, su papel, sus funciones, sus updates upgrades, sus nuevos roles, dinámicas, lugares y funciones, y para forzar aún más la lógica o las lecturas críticas en torno a estas cuestiones no tendrá una existencia permanente, disponible, ubicua, a la mano, como parte de la memoria compartida que los humanos tenemos en la red; por el contrario, se perderá, será trabajo enviado directamente al vacío, donde nada lo sostenga, como un ente frágil, dudoso, o un cúmulo de energía organizada en un medio disipativo; como nuestros antiguos recuerdos, o todo lo que no podemos descargar de nuestras cabezas (o acceder en sitio alguno), YSE#25, solo un recuerdo, dejó de existir el 5 de octubre de 2010.


#25, just a memory · 2010#4


Obertura

Oriol Espinal

¿Visitar el pasado? ¿Escuchar las voces cautivas en el espacio de las adelfas? ¿Restaurar el paraíso que los otoños quebrantaron? ¿Regresar a los jardines donde el lirio proclamaba un principio inmutable?

¿Qué diablos pretendes lograr con esta chaladura? ¿Profanar el santuario de un enigma? ¿Construir un puente entre las orillas del olvido? ¿Repintar los estíos lejanos con los colores de aquella noche feliz, de aquella noche feraz?

¿La noche en que un meteorito impactó contra un pedernal que yo había acariciado? ¿La noche en que un viento gelatinoso nos ungió con su trasluz? ¿La noche en que me contaste lo que a tu ojo le ocurría cuando se refugiaba en los latidos de una magnolia y miraba su no-mirar?

¿La noche en que me confesaste que el mundo que a tus sentidos se ofrecía no podía evocarse con el lenguaje poético sin que tus versos arrastraran un resabio deudor de la poesía de entre guerras? ¿O de aquella que se compuso mientras los conflictos incendiaban el mundo? ¿O de la que, años antes, había iluminado algunas mentes con flores infernales? ¿O de la que, décadas más tarde, transformaría la poesía en el principal «subject of the poem»?

¿Recuerdas que yo te dije que sí? Que, pese a ese influjo, tal vez sí llegaría el día en que tus poemas terminarían por funcionar. Especialmente —añadí— si en adelante tenías la valentía de abrir las puertas de tu poética. Y no sólo para mitigar los chirridos en su encaje histórico, sino como un modo de ventilar tus lugares poéticos, para mi gusto excesivamente dominados por el brocado que había afiligranado el olor de las rosas marchitas, la sombra tenue de las oquedades, la aspereza de la roca marina. Pero también el acre aliento de los pájaros, el inútil resplandor de los cálices, el fatalismo cursi de los atardeceres.

Y ya no digamos el recuerdo de las túnicas ardientes y los rituales mistéricos, las resonancias órficas y las reminiscencias trascendentalistas, la filosofía démodé que tus paseos entre ruinas y fósiles inspiraban, o el llanto de los náufragos que, como tú, sólo sabían bregar en las tempestades del alma.

¿O acaso has olvidado que, al término de mi enumeración, tú —que en ese momento no supiste leer el trasfondo de mi comentario— me dijiste, un punto indignado, sin dejar de observar cómo tu doble desnudez se deformaba en el mundo convexo de mis pupilas:

—Entonces, ¿qué quedaría de la gran poesía si, puestos a quitar, quitamos también el ámbar de la flor y la flor de los recuerdos, el perfume del espliego y el tufo de la turba, la hiel y la miel que sujetan los extremos del amor; o el hedor que, al disolverse en el limo, desprende la ceniza que fue cedro antes que nave?

Yo preferí no replicarte. Opté por acogerme al silencio ancestral que anunciaba la charla de los cuerpos. De todos modos, si aquella noche hubiera sabido lo que ahora sé, tal vez te habría dicho algo así:

—¿Y qué, si acabas desvelando la clave de nuestro juego amoroso, el mecanismo ilógico de mis caricias, o las leyes que gobiernan el susurro que al alba tus labios reptantes cincelarán en la piel cerosa de mi/tu cuerpo, de tu/mi cuerpo, ambos muertos en mi mente, ambos vivos en tu memoria?


Presentausencias

Oriol Espinal