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#27, in-significant · 2011#2

Y Sin Embargo magazine

§ Fernando Prats editor, 2011

in-significante

No ya las cosas, sino el discurso de las cosas.

No ya la interacción con el objeto, sino solo con el discurso del objeto.

Ausencia de significados en un Imperio de significantes.

Update retórico: Discurso surfeador que no defiende ninguna postura, que sospecha.

Surfeador sin fondo, disecciones de un forense de los sentidos.

¿Sublimación de los lenguajes?

¿Deconstrucción apocalíptica?

¿Gestión de los desechos en el final del juego?

¿De qué hablamos cuando hablamos? ¿A qué hacemos referencia?

¿Sabe usted a qué me refiero?

El medio vuelto masaje.

Cuando el mensaje del medio es solo el masaje del discurso.

Adicción masiva al soma diario de un discurso «renovado», distractivo, sin consecuencias ni contenido, paradigmático en los mass-media y las redes sociales.

Las palabras y las cosas

Lo que se nombra y es nombrado, convenciones culturales, significante-significado-imagen acústica-etiquetas.

El canal como portador de ruido incontrolable...

¿Cada vez a más alto nivel (como se entiende esta fórmula en programación) y más lejos de los objetos y fenómenos?


#27, in-significant · 2011#2


fragmento de Los círculos del sur (reescrito para YSE #27)

Oriol Espinal

Te escribo unas líneas, ahora que al fin ya eres parte de la comunidad de los que pueblan esta isla de arena y polvo. Esta isla donde la supervivencia se paga quemando las naves y labrando la soledad y el silencio.

Aun así, nuestra osadía jamás dejará de ser un agente provocador, un ángel que instila la locura, un camino que no solo nos conduce al desamparo y la clausura, sino al territorio de la víbora, del rastrojo y del zarzal.

¿No crees que nuestra audacia debería bastar para que en nuestra mente se desatara una reacción contra toda epopeya, contra toda épica, contra toda prosapia? Al fin y al cabo, tanto tú como yo estamos como estamos por haber reincidido en hablar el idioma proscrito, sin que un sí inoculado haya corrompido nuestra saliva.

No son cosas que allanen el camino ni reduzcan el ruido que en la arena imprime el alacrán. Y menos ahora, cuando la alegría emana de nuestra aceptación y ya nadie gobierna nuestra levedad de vilano.

Tú, yo y todos los demás podremos arraigar en campos baldíos, pero nunca deberemos aferrarnos al paisaje que nos reconoce y saluda. Porque el agua, el fuego, la tierra y el aire son uno y lo mismo, y cualquier parte es un buen lugar para crecer y morir.

Nadie debe ser el dueño de la semilla que se siembra, se recoge, se muele, se amasa y se hornea en el laberinto ovillado. Recordarlo resulta tan útil como tener la certeza de que no hay, ni habrá, para nosotros una sola posibilidad de salvación. Nuestro mayor consuelo será saber que nadie podrá desposeernos del derecho a renegar de cualquier identidad impuesta.

Porque el arte deja de serlo si quien lo hace posible no está dispuesto a dar batalla a los oráculos y al acreedor que los paga.

Ahora debes darte prisa, pues la partida se acaba y apenas queda tiempo para la contrición. Pronto, muy pronto, la sal cegará al fisgón y el bufón será borrado de la historia.

Y cuando eso ocurra, ten por seguro que el miedo nos corroerá los labios y ungirá nuestra piel. Y el fuego, el fuego…

Tú sabes a lo que me refiero.

Pero da igual.

Olvida lo que acabas de leer y sueña cuanto puedas.


Tupidos velos

Oriol Espinal