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Resurrecciones

Oriol Espinal

§ Poesía / 2020 - 2022

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Aunque incorporan una lírica más acentuada de lo habitual, los poemas que conforman este libro no abandonan la senda que en mi anterior poemario marcaron las experiencias personales, ni renuncian a algunos de mis temas habituales: el poema y el acto mismo de componerlo, el amor en su doble componente carnal y espiritual (si es que el amor puede estar sujeto a categorías o dualidades), y los mares y jardines, ya sean de Almería o del país de los ensueños. En su práctica totalidad, los textos de este libro —presentados en orden inverso a su fecha de composición— son el resultado de un viaje introspectivo que me permitió experimentar trances poéticos de una intensidad sin precedentes, trances que propiciaba amparándome en un silencio casi absoluto o en músicas que me ayudaban a alcanzar un estado de profunda serenidad. Una vez lograda esa coyuntura, el poema surgía de mí como un fluido que rezuma por la mente, como una secreción que trasciende, que resucita de su larva informe y adquiere un cuerpo dentro de un alma.

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YAMBO, 2023

128 pp.

ISBN-13: 979-8377306726

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Selección de poemas

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Fin

¿Qué perdura al final de la experiencia,
que no sea una mirada al origen?
¿Una búsqueda de la fuente en las escarchas
que dificultan el natural fluir de las aguas?

¿El deseo de regresar a los fríos del sueño,
a las aguas dormidas de la alberca,
al viento dulce que envuelve la estatua de sal,
al sabor del pan remojado en la nostalgia?

¿Miedo a que nuestro espejo
nos presente un fracaso, un desacierto;
acaso un logro inconsistente
que el tiempo ataca y zarandea?

¿Nuestro amor en la aureola de los trances,
el eco de las llamas que tú y yo vertimos
en las almenaras del alma?

¿El calor de la luz de las antorchas
que, ante la cruz de los delirios, tú y yo prendimos
para descubrirnos, al fin, resucitados?


Meta

Despacio me acerco al final, lleno de luz,
lleno de ti, renacido en tu éxtasis,
ligero, imperturbable,
inmune a las trampas de la muerte,
descendiendo la senda de los versos,
escalando los riscos del sueño,
navegando en el mar de mis visiones,
donde la lentitud agiganta el campo de mis ojos
y lo invisible aureola la verdad.

Cubierto de luz, el final se me acerca despacio.
Su luz y la mía se funden, redoblan su fulgencia,
cantan en las blancuras de la nada,
hasta el mismo negro del todo,
hasta la vibración de las cuerdas
que han tejido el universo,
la nada que nace en el todo,
el todo que muere en la nada,
como una nada que en el todo resucita.


In a landscape

Shall I at least set my lands in order?
T.S. Eliot, «What the Thunder said», The Waste Land

En el paisaje que mi sueño construye
—por cuyas laderas la luz se derrama, apagándose
como la espuma de una ola en la orilla—,
acaricio la hierba, el lomo erizado del lobo,
beso la carne y la mandíbula,
deseo el empalago, exilio mis deseos,
resucito muriendo y fallezco al nacer,
para luego renacer tras el primer vagido
y la puñalada del sol que se levanta.

Muerto, camino como un vivo
entre las sombras de un páramo,
bajo los buitres y sus augurios.

Nada encuentro, salvo la nada vagando en su vacío,
un desorden que se genera a sí mismo y a su antojo,
colonizando mi periferia con la historia en ruinas
y el porvenir bombardeado.

El paisaje transmuta, arde en el sueño,
llamean sus colinas, se incendia su orden
y todo aquello que las manos humanas impusieron
a los cauces del viento y de las aguas.

Y en la nueva luz resucita
lo vivo que habita en la muerte,
lo muerto que siembra su larva
en los versos del sueño, en tu carne que tiembla
cuando al tocarla me ilumino.


Contigo ardí

Grité y en aquel grito ardí.
Yalal ud-Din Rumi, «La enseñanza», Rubayat
(traducción de Clara Janés y Ahmad Taherí)

Enredado en el tedio de esta tarde,
resucitado en el lecho de un sueño,
busco y me busco sin saber qué o quién
decidirá el curso del poema.

Busco y me busco bajando a los cielos del trance,
donde las cosas, o sus imágenes, son todavía
transparentes ante el envite del alma que renace,
ante la espada de sus ojos visionarios,
ante el deseo de mirar, ver y contemplar.

Y si busco y sigo buscando
es porque quisiera encontrarte,
descubrirte de nuevo,
desbrozar tu presencia selvática
hasta vislumbrar tu fontana, su nácar, su azulada luz,
los espejos que cada noche cazan tu sombra
y me devuelven tu carne plateada.

Yo no osé ni rozarla, pero la miré y te miré,
y fuiste tú quien entró en mí,
tus nieblas y tus carnes,
y en ti yo fui, transfigurado
por la potencia de tu júbilo,
pleno dentro de mi vacío,
y contigo ardí en lo más frío,
rasgando a dúo el lago negro del silencio:
tú con el grito de tu vidrio roto,
y yo con los resuellos de mi caballo desbocado.


Dea

Ce voyageur ailé, comme il est gauche et veule!
Baudelaire, «L’Albatros», Spleen et idéal

Al descolgarme resucitado de mi trance,
te veo ahí, tumbada, apostada en tu desnudez,
consagrada a tu celo, mirando mi deseo,
mis alas rotas, mi cuerpo indefenso,
toda esa sangre ungiendo mis palabras,
mis lágrimas, que en la lluvia se encienden como brasas
y lloran con más agua y con más sal;
te veo, mirando las sombras de mi aureola caída,
mi graciosa torpeza al acercarme a tu nimbo,
todo ese barullo que armo en mi intento
de encerrar tu amor en mi alma enamorada,
de visitar las junglas de tu imperio,
de penetrar en tus santuarios blandos
y ofrecerte la luz de mi relámpago,
mi vida que en ti muere, la muerte que te enciende,
que incendia las cenizas de mis versos
y exhausta se sumerge en el descanso.