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Altar de San Vicente

Oriol Espinal

§ Arte sacro / Colegiata de Sant Vicenç de Cardona, 1999


Cuando, desde la Oficina de Gestió de Monuments de la Generalitat de Catalunya, Pere de Manuel me contactó para encargarme el nuevo altar para la Colegiata de Sant Vicenç de Cardona, la idea de construir un altar me rondaba la cabeza desde hacía años, aunque en mi caso no se trataba de un altar ligado a un culto religioso, sino más bien conectado con mis trabajos escultóricos inspirados en el arte sagrado. Además, mi idea no era novedosa en sí misma, pues el altar había sido un elemento recurrente en mi obra artística desde 1988: de forma explícita en una serie pictórica de finales de los ochenta, y de modo implícito en diversas piezas e instalaciones posteriores, como en El agua y el silencio de 1991 o en Refugio para caminantes de 1993.

Castillo y Colegiata de Cardona
Castillo y Colegiata de Cardona

La principal finalidad del encargo se basaba en la necesidad de dotar de mayor versatilidad al espacio interior de la Colegiata de Sant Vicenç de Cardona. En consecuencia, el primer requisito exigía que el altar se pudiera trasladar de su lugar habitual mediante un sistema de ruedas ocultas, pues el espacio de su emplazamiento para el culto debía ser ocupado por los músicos que ofrecían conciertos o realizaban grabaciones de música antigua.

El segundo requisito exigía que la propuesta se caracterizara por la austeridad estética, ya que debía integrarse de forma armoniosa en un monumento del primer románico, como es la Colegiata de Sant Vicenç de Cardona.

Por último, el tercer requisito exigía que los paneles laterales hiciesen referencia al martirio de San Vicente.

Interior de la Colegiata
Interior de la Colegiata

1. Panel frontal

Dada la relevancia arquitectónica de la Colegiata de Sant Vicenç de Cardona, me pareció interesante plantear el panel frontal con referencias a dos conocidos elementos arquitectónicos descritos en la Biblia, que marcan una clara conexión entre cielo y tierra: la escalera de Jacob, en el Génesis, y la Jerusalén Celestial, en el Apocalipsis de San Juan. Este último libro resulta ineludible al trabajar para un templo románico.

El frontal del altar consiste en un panel de madera forrado con chapa de plomo. En su centro se aprecia una forma alusiva a la Jerusalén Celestial (inspirada en las miniaturas de diversos Beatos y, en cierta medida, en los planos de templos románicos) hundida hacia dentro, como la impronta de un pesado objeto externo: es la huella —o, visto de otro modo, el téménos— de la Ciudad de Dios sobre la tierra.

En el centro de esta figura, el mensaje de Cristo se expande hacia los cuatro puntos cardinales a través de los brazos de una cruz imaginaria que se conforma a partir de elementos descritos en sueños reveladores del Antiguo y el Nuevo Testamento: la escalera del sueño de Jacob (Génesis 28, 10-22), que se enrolla alrededor del axis mundi —el nexo entre cielo y tierra—, representando el brazo vertical de la cruz. La alfa y la omega (Ap. 21, 9-27), otras dos «puntas extremas» reveladas a San Juan, se disponen en el plano horizontal: la alfa mayúscula, que evoca el compás, y la omega minúscula, asociada al fuego, tal como prescribe la tradición románica. Esta síntesis espiritual se irradia hacia las doce puertas de la Jerusalén Celestial, que simbolizan las doce tribus de Israel y los doce apóstoles de Cristo.

Además del poderoso simbolismo de la escalera, es preciso recordar la importancia de Jacob en relación con los altares. Según relata Génesis 35, 1-15, años después de la visión onírica y por mandato de Yahvé, Jacob erigió un altar en Betel (véase la nota 1), lugar de su sueño y escenario donde Dios se le apareció por primera vez. No debemos olvidar que el sueño de Jacob se produce en un lugar que funciona como «centro», es decir, un punto de conexión con la trascendencia. A lo largo del tiempo, en sitios sagrados semejantes se han erigido santuarios de las grandes religiones; en el cristianismo, han sido concebidos como una recreación de la Jerusalén Celestial. Si el templo constituye el eje que canaliza la espiritualidad de los fieles, el altar representa, en última instancia, el núcleo teológico y ceremonial: el lugar donde el sacerdote actualiza el vínculo trascendente entre cielo y tierra mediante los rituales propios de la liturgia.

2. Paneles laterales

En el centro de cada panel lateral se distinguen, bajo la forma de una huella, los elementos más conocidos del martirio de San Vicente: en el panel derecho, la parrilla con clavos; y en el panel izquierdo, la rueda de molino.

3. Panel posterior

Para resolver este panel, decidí insertar el Salmo 43, que, antes del Concilio Vaticano II, formaba parte del introito de la misa: «Envíame tu luz y tu verdad; que ellas me guíen, y me conduzcan hasta tu monte santo, hasta el lugar donde habitas; y me acercaré al altar de Dios, a Dios, mi mayor gozo».

4. Nota final

Tiempo después de concebir el frontal, mientras releía la sección dedicada al altar en Le monde des symboles, descubrí que el ritual de consagración de iglesias incluye de forma muy destacada los tres elementos reflejados en él:

1) Jacob (véase la nota 2), cuando el obispo entona —mientras traza una cruz con agua y lava el pavimento— las palabras que el patriarca pronunció al despertar de su sueño: «Este lugar no es otra cosa que la casa de Dios y la puerta del cielo».

2) Las letras alfa y omega, cuando el mismo obispo dibuja una cruz de San Andrés con arena o ceniza sobre el suelo de la iglesia y, con su báculo, marca los alfabetos griego y latino (de la alfa a la omega y de la A a la Z), repitiendo de nuevo las palabras de Jacob.

3) La Jerusalén Celestial, cuando el oficiante unge las paredes del templo en doce puntos, mientras el Schola canta el misterio litúrgico que se está realizando: «Esta es Jerusalén, la gran ciudad celeste, ataviada como la esposa del Cordero, pues se ha convertido en la Tienda».

Planta de la Colegiata
Planta de la Colegiata

[Nota 1]

Según la tradición judía, la piedra que Jacob usó como almohada durante su sueño —y que ungió con aceite al despertar, tras descubrir la sacralidad de aquel lugar al que dio el nombre de Betel, o «Casa de Dios»— fue trasladada al Sancta Sanctorum del templo de Salomón.

[Nota 2]

Téngase en cuenta que la figura de Jacob también aparece en los rituales de consagración de altares: en la oración que el obispo pronuncia al ungir por primera vez las cinco cruces del altar con agua bendita, se alude al gesto de Jacob cuando erige y unge la piedra donde había reposado su cabeza, para hacer de ella un lugar de sacrificio y un hito que indica la puerta del cielo.

Bibliografía

Cirlot, J. E., Diccionario de símbolos (1981)
Champeaux, G. de, y Sébastien Sterckx, D., Le monde des symboles (1972)
Eliade, M., Lo profano y lo sagrado (1957)
Eliade, M., Imágenes y símbolos (1955)
Lundquist, J. M., The Temple (1993)

Vista frontal
Vista frontal
Detalle del frontal
Detalle del frontal
Vista anterior
Vista anterior

ANTECEDENTESINFLUENCIAS

Oriol Espinal
Altaria, 1988
140 x 200 cm
Oriol Espinal
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140 x 200 cm
Oriol Espinal
El agua y el silencio, 1991
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El agua y el silencio, 1991
Maestro de Estamariu
Martirio de san Vicente
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Martirio de san Vicente
Maestro de Estamariu
Martirio de san Vicente
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Beato de Facundo, f°253v, 1047
La Nueva Jerusalén
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Mezquita y minarete de Samarra (Irak)
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Bernardino Butinone
Jesús entre los doctores, 1480
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William Blake
La Escalera de Jacob, 1805
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