Crossroads es un proyecto de arte digital concebido entre los años 2000 y 2002, desarrollado con la tecnología Adobe Flash, en un momento en que esta plataforma permitía explorar nuevas formas de interacción en Internet. En su concepción original, la pieza ofrecía al usuario una experiencia inmersiva, articulada a partir de una estructura visual y narrativa no lineal. El punto de partida era una pantalla de inicio con forma de cruz, en cuyo centro se alza una figura humana en actitud dubitativa1 y rodeada por un conjunto de huecos de colores excavados en el suelo, organizados en cuadrículas que se extendían en las cuatro direcciones cardinales. Cada uno de estos 36 huecos funcionaba como portal de entrada a uno de los cuadros o escenas de la obra, de los cuales solo llegaron a desarrollarse 15. La intención original era completar los 36, de modo que el espectador pudiera acceder libremente a cualquiera de ellos mediante la activación interactiva de estos espacios en la superficie visual de la cruz. Una vez dentro de cada cuadro, se abrían cuatro nuevas opciones de navegación, lo que generaba una estructura de ramificación continua. Este principio de bifurcación se inspira, aunque de forma no deliberada, en la lógica narrativa de Borges, especialmente en El jardín de senderos que se bifurcan. El espectador no seguía una trayectoria definida, sino que quedaba inmerso en un laberinto de posibilidades, donde cada decisión lo conducía a una escena distinta, sin posibilidad de retorno ni garantía de sentido. En este contexto, la obra puede definirse como aleatoria, en un sentido análogo al de ciertas músicas contemporáneas: carente de hilo conductor, abierta a la deriva perceptiva, estructurada por el azar.
Debido a la retirada global del soporte Shockwave Flash (SWF) que sustentaba la tecnología de Adobe Flash, Crossroads no puede experimentarse hoy tal como fue concebido. La versión actual, presentada como una simulación en vídeo, suprime todos los mecanismos interactivos y convierte la experiencia en una contemplación pasiva de imágenes, animaciones y sonidos. Esta pérdida de interactividad altera profundamente la naturaleza original del proyecto, reduciendo su potencial expresivo y diluyendo su carácter exploratorio. Cabe señalar, además, que la obra permanece inconclusa, lo que añade a su condición de fragmento una dimensión de proyecto suspendido, abierto aún a múltiples desarrollos posibles.
1. La imagen corresponde al autorretrato de Oscar Gustav Rejlander, conocido como «Man dressed in toga» y catalogado como «Self‑Portrait in Toga», realizado en torno a 1857 como estudio preparatorio de su fotografía The Two Ways of Life.