Amar a Mar fue escrito entre noviembre de 2023 y abril de 2024. Su estructura tripartita —doce poemas por sección, cada una precedida por un soneto liminar— no fue concebida desde el inicio, sino que emergió a medida que los textos se sucedían, revelando poco a poco un orden latente que daba sentido al conjunto. La cifra final —treinta y nueve poemas— puede leerse como múltiplo de tres o como la conjunción de tres números primos (3 × 13): un dato incidental que, sin embargo, resuena con la cadencia interna del libro. A este juego de simetrías se suma un recurso singular: los tres sonetos comparten las mismas palabras finales en sus catorce versos. Esta reiteración no responde a un mero artificio formal, sino que configura un molde que se reactiva al inicio de cada parte, marcando un compás reconocible que contrasta con la libertad métrica de los poemas que lo siguen.
Como ya se señala en la nota bene, el título Amar a Mar proviene de un poema anterior, atribuido a Otto Stachel, personaje de mi novela Los círculos del sur. También figuran en su dedicatoria Mario Mundi y Mar Señeras: nombres que, más allá de su condición ficticia, encarnan voces y rostros que me habitan. Esta nota de autoría no pretende fijar identidades, sino dar cuenta del modo en que ciertas figuras emergen y se entrelazan en la escritura, donde lo biográfico y lo imaginario no se oponen, sino que se transforman mutuamente.
El libro explora una relación amorosa que se manifiesta bajo múltiples formas: deseo, palabra, visión, ausencia, retorno. La figura de Mar —cuerpo, nombre y símbolo— articula el eje de esa búsqueda. En los poemas, el lenguaje tantea el límite de lo decible, acercándose a aquello que por naturaleza se le escapa.
En el poema «La espuma rebelde que te eleva», el gesto amoroso se configura como un tránsito oscilante entre la altura y la hondura:
Y viéndote caer siento un ascenso
al infierno azul del rayo, donde desciendo
al cielo rojo de tu raíz desarraigada…
Y en «El otro lado del umbral», la escritura se revela como un proceso inestable, que tantea los límites de lo nombrable:
…y al fin es sólido peldaño hacia el abismo,
agua que se adentra en la tierra de las palabras indecisas…
El poema final, que retoma el título del libro, no cierra un ciclo, pero sí propone una suerte de retorno al lugar donde todo se mueve y se transforma:
…y entrar de nuevo en el mar,
en ese mar donde todo sucede,
y solo en ese mar de amor
amarte.